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Juicio al autor

A partir de algunos debates e incluso discusiones que he presenciado últimamente en relación a algunas práctica fotográficas, tengo la sensación de haber llegado a una conclusión que voy a intentar explicar con este texto. Son debates que giran entorno al punto de vista, orientación política, la ética y la moral de propio autor. Y suelen ser fotógrafos cercanos a esa deformada etiqueta llamada documental o nuevo documental.

Son conocidos los reproches a la foto de la niña somalí del fotógrafo sudafricano Kevin Carter. Es un trabajo que se encuadra en cualquier caso dentro del marco del fotoperiodismo más clásico y humanista, en el que la crítica se centra no tanto en la subjetividad del autor, ya que se le presupone comprometido con la causa, sino con el proceso de trabajo que ha llevado a cabo para conseguir la foto. A Carter se le criticó que sacase la foto de lo que aparentemente era una niña desnutrida y moribunda a punto de ser devorada por un buitre, en vez de haber tirado su cámara y haberla ayudado a escapar de las garras del carroñero... Más tarde se demostró que se trataba de un niño y no niña, y recordemos que desde algunos puntos de vista, como por ejemplo el humanismo que suele representar a la mujer como mera procreadora, esto aporta un plus de debilidad. La postura no era tal porque se estuviese muriendo en ese mismo instante, sino porque estaba defecando. El niño estaba muy malnutrido sí, pero a diferencia de los miles de niños que murieron en aquellas hambrunas somalíes, estaba siendo tratado para mejorar su salud tal y como la pulserita que lleva en la muñeca indica, cosa que consiguió ya que vivió unos cuantos años más. Y para acabar el buitre estaba ahí no tanto para comerse a los moribundos, sino para escarbar entre la basura del centro de alimentación en el que se sacó la foto.

Cuando a Carter se le enjuició públicamente (dejando de lado su posterior suicidio que el cine no tardó en intentar rentabilizar) se hizo desde el punto de vista de la fotografía como verdad inalienable. La foto muestra a una niña que se muere y un buitre que se la va a comer y punto. No se planteó la posibilidad de la fotografía como una herramienta simbólica que lanza mensajes de gran impacto en la sociedad más allá de su veracidad. Han tenido que pasar unos cuantos años hasta que, entre las explicaciones de otros fotógrafos presentes en el momento de la captura y las averiguaciones de periodistas del diario El Mundo, nos diésemos cuenta de que a pesar de que el dichoso buitre no se la comiese, esa y otras imágenes como las de McCullin en Biafra, crearon símbolos sobre el hambre en países africanos que ayudaron en gran medida a la concienciación social sobre el tema.


Nine-year-old albino boy clutching an empty corned beef tin,
Biafra (1969) © Don McCullin / Contact Press Images

Como ya sabemos, todo cambia con la llegada de la fotografía digital, su integración en los teléfonos móviles y su ubicua itinerancia a través de Internet. Todo el mundo saca fotos y las comparte. Es decir, todo el mundo ha experimentado en mayor o menor medida con los procesos fotográficos y también ha juzgado sus imágenes antes de mostrarlas. Hoy todo hijo de vecino ha vivido momentos  (aunque la mayoría no haya comprendido el porqué) en los que por ejemplo el flash del móvil es incapaz de iluminar un paisaje nocturno, un rostro aparece oscuro en un retrato cuando el sol está justo detrás del retratado o en un interior sin flash todo aparece movido y de color rojizo-anaranjado. Y claro, cuando esas fotos las han querido subir a Facebook, Twitter o Instagram, todos han juzgado cual les gusta más (aunque la mayoría no haya comprendido el porqué) y algunos incluso las han reencuadrado, pasado por un filtro o añadido un marco (aunque la mayoría no haya entendido el porqué). Es decir, que aunque la mayoría no haya entendido el porqué, hoy todos sabemos que la fotografía no es una representación pura y directa de la realidad, sino que en la creación de imágenes intervienen factores determinados por las condiciones de la escena, de la tecnología y del propio fotógrafo, cosa que antes generalmente solo los fotógrafos sabíamos. Y no hablo solo de esa idea de que todo está retocado, sino de la duda ante la propia toma más allá de que esta parezca postproducida o no.

Buen ejemplo de ello son las recientes protestas públicas frente a las típicas fotos de antes y después, surgidas a partir del post titulado “Seduced by the Illusion: The Truth About Transformation Photos ” publicado en un blog de uno de los medios más masivos de EEUU, como es el Huffington Post. En él, su autor, un entrenador personal llamado Andrew Dixon, desgrana y demuestra como en cuestión de una hora, con la ayuda de su novia y muy pocos conocimientos de técnica fotográfica, es capaz de hacer dos fotos en las que primero parece estar fuera de forma, para acto seguido aparentar ser un hombre musculoso.

“I was feeling particularly bloated on the day, so I asked my girlfriend to take a before shot. I then shaved my head, face and chest and prepared for the after shot, which was about an hour after I took the before shot. I did a few push ups and chin ups, tweaked my bedroom lighting, sucked in, tightened my abs and BOOM! We got our after shot.”

 

Su post acaba con un elocuente “Is all smoke and mirrors”...



A pesar de que algunos aún se resisten, la mayoría de fotógrafos ya conocíamos los ángulos muertos de la mecánica y la representación de la fotografía. La gran novedad aquí es que muy pronto todo el mundo va a ser consciente de ellos. Este entrenador personal (como no, la representación del cuerpo y la identidad siempre enredando con la fotografía) ha destapado con abrumadora facilidad el poder simbólico que tiene la fotografía más allá de la veracidad, y como este puede ser utilizado, en el caso de las dietas-milagro, con fines poco edificantes.

Esta grieta abre un camino que más arriba revindicaba cuando hablaba del caso de Kevin Carter. Si todo el mundo es ya capaz de pensar que, a pesar de que en la foto parezca que el buitre se va a comer a la niña, esto no tiene porque ser del todo cierto, ya no juzgaremos la actitud del fotógrafo en relación a la escena real (el porqué no ayudo a la niña en vez de sacar la foto), sino que juzgaremos las motivaciones que le han llevado a construir ese símbolo y difundirlo como tal (el porqué Carter decidió ir allí, sacar esa foto de esa manera y difundirla). Ante una foto ya no pensaremos “estaba pasando esto y el fotógrafo sacó una foto”, sino que pensaremos “el fotógrafo ha creado esta imagen con esta connotaciones a partir de esto que ha sucedido”. Ese cambio implica empezar a juzgar al fotógrafo como autor consciente e intervencionista por parte del gran público.  No solo se juzgará su presencia en el lugar, sino también el como y porqué sacó la foto. Se analizarán sus decisiones, la manera en la que las llevó acabo y las opiniones personales que le empujaron a hacerlo.

Debates en torno al proceso fotográfico se desarrollarán más allá del circuito cerrado de los fotógrafos en el que anteriormente se habían enclaustrado. Se pueden encontrar muchos ejemplos, todos ellos discutibles, como por ejemplo la denominada estética del sufrimiento de Sebastiao Salgado, la acusación de machismo a Winogrand por su Woman are Beautiful, la brusquedad de Bruce Gilden, o más cerca en el tiempo y en el espacio, las protestas de racismo en Los Afronautas de Cristina de Middel o las dudas sobre la legitimidad del procesos de trabajo tanto de Txema Salvans, como de Mishka Henner o Joan Colom a la hora de fotografiar a prostitutas sin su conocimiento ni permiso. Son todos ellos debates legítimos que creo que se deben desarrollar y para los que cada autor suele, y a partir de ahora, debe tener una respuesta, ya que estoy convencido que las preguntas al respecto no van a parar de crecer.

Périphérique, 2007, dela serie Périphéries. Mohammed Bourouissa

Por otro lado, y que sirva como respiro, también hay que decir que nosotros como fotógrafos también podemos jugar con los prejuicios del espectador. Desde que el público tiene el ojo entrenado y el cerebro inundado por referencias venidas del cine, la televisión, las revistas, el comic, la prensa etc. esa referencias se han venido utilizando en el mundo del arte y la fotografía. Se pueden encontrar varios ejemplos de esa idea en los trabajos de algunos autores contemporáneos como la serie Peripheries de Mohammed Bourouissa, que se sitúa en las periferias deprimidas de París y está protagonizada por sus habitantes, pero que a pesar de seguir la estética de lo documental...finalmente son fotografías escenificadas. De esa manera Bourouissa saca a relucir los prejuicios que el espectador tiene inculcados gracias a los clichés de la propia fotografía documental, ya que ha emitido un juicio de valor sobre esas personas y esos lugares no por lo que realmente son esas imágenes (escenificaciones), sino por el mensaje que aparentan. Otros ejemplos de este tipo de planteamientos los encontramos en los trabajos de Mirko Martin en relación al cine y la ciudad de Los Angeles o en el de Daniel Mayritt en relación a Google Street View.

Para acabar, y volviendo al debate público sobre la ética del fotógrafo, resumiendo diría que si estamos de acuerdo en que pronto todo el mundo será capaz de descifrar las diferentes decisiones que se toman cuando sacamos una foto, y que ese proceso es y será siempre subjetivo, más nos vale acostumbrarnos a que se juzgue esa subjetividad, ya que la legitimidad del fotógrafo a hacer su trabajo por el mero hecho de serlo ya se ha derrumbado.

Cuando hacer fotos ya no es suficiente

Vale, todo el mundo está ya de acuerdo con que la fotografía está viviendo un hito histórico sin parangón. El otro día leí que se suben mas de 300 millones de fotos al día a Facebook y no me sorprendió. Ese tsunami visual ha sido provocado por el uso masivo e ilimitado de la fotografía por parte de todo hijo de vecino pero...y esto qué supone para los que usamos la fotografía para lanzar preguntas retóricas y proponer estéticas (habitualmente etiquetados bajo “fotografía artística”) y para los que la utilizan para destapar y/o señalar situaciones concretas (habitualmente etiquetados bajo “fotografía documental”)?

Ya hemos pasado el susto inicial y empezamos a estar familiarizados con todos esos proyectos que hablan sobre como el flujo imparable de imágenes es ahora la norma y no la excepción. La tantas veces repetida y cacareada revolución ha provocado un efecto dominó cuya última pieza somos los fotógrafos, que de repente vemos como el espacio que ocupábamos en ese circuito de creación y consumo de imágenes se ha desvanecido y, como es normal, sufrimos de vértigo. Pero si conseguimos tragar saliva y dar un paso adelante aunque sea a ciegas, tengo la certeza de que en realidad encontraremos un suelo, quizás no firme, pero sí virgen, donde pisar.

Pero para ello primero tenemos que aceptar la realidad. Vale ya de lamentarse y negar la evidencia. Hay que aceptar que ideas como la de la fotografía como testigo ya no está exclusivamente en manos de fotógrafos. Por una simple cuestión de probabilidad el fotógrafo profesional casi siempre llegará más tarde a sacar la foto que alguien que pasaba por allí. La foto-testimonio está cada vez más en mano de todo el mundo, cosa de la que creo que el periodismo debería alegrarse, porque aquello que merece ser contado estará documentado a pesar de que el periodista no haya podido llegar. De esa manera además se libera de un trabajo, creo yo, poco periodístico, ya que entiendo que los periodistas deberían ir detrás de la causalidad y no tanto de la casualidad. Es decir, que yo cambio a un solo periodista que haya buscado una noticia, por 100 que se la hayan encontrado. Se suele argumentar que el problema es lo poco fiable de esas imágenes que “a saber tú de donde vienen”, pero la verdad es que si nos ponemos a analizar rigurosamente cuestiones de veracidad en el fotoperiodismo, la gran y aplastante mayoría de fotografías manipuladas que se han publicado en medios de comunicación estaban firmadas por “profesionales”... Así que antes de acusarnos a los demás, recomendaría a los defensores de la pureza fotoperiodística se mirasen al espejo tal y como, todo hay que decirlo, ya han hecho algunos.

Captura de pantalla de una "¿fotografía?" publicada
en la web del diario ABC la semana pasada

Justamente ese autoanálisis crítico que le pido al fotoperiodismo, es el que tenemos que hacer extensivo a todos los que de alguna manera u otra vivimos de la fotografía. Igual que la foto-testimonio ya no será nunca más una práctica exclusiva de los profesionales, hay otras muchas prácticas en las que nos estamos viendo desplazados. La ventaja que teníamos a base de acarrear cámaras, carretes, tarjetas y objetivos por todas partes se fue y ya no volverá. Es hora de asumirlo, aceptarlo y aprovecharlo.

Entiendo que “aprovecharlo” es lo que ahora mismo se antoja complicado, pero tal y como ya ha sucedido en otras ocasiones en el pasado, ahí están la prácticas más arriesgadas para descrifrar como conseguirlo. Aquellas que parten de representaciones personales y que a pesar de que al principio suelen ser denostadas por incomprendidas, al cabo de un tiempo acaban siendo digeridas y regurgitadas como propias por la mayoría. Y aunque aquí corro el peligro de verme atrapado por mis palabras en el futuro, me atrevo a apuntar algunas ideas que nos ayudarán a avanzar.

Antes de proponer algunos ejemplos concretos quiero subrayar dos factores que creo que van a ser determinantes para conseguir superar la situación actual: por un lado un conocimiento profundo de la fotografía a nivel histórico, teórico, técnico y formal, y por otro la capacidad de desarrollar un discurso propio y de alguna manera identificable. Ahora que ya no basta con estar en el lugar y en el momento adecuado, que no somos los únicos que nos vamos de viaje y sacamos fotos y que no hace falta tener una cámara cara ni saber como utilizarla para hacer una foto (ya sea esta buena o mala), es justamente cuando los que nos autodenominamos fotógrafos tenemos que profundizar mucho más en aquello que reivindicamos y que nos debería diferenciar. Tenemos que saber situar una imagen en su contexto histórico y teórico, y ser capaces de diseccionarla en cuanto a su contenido formal y técnico para poder así dar un paso más allá de la mera repetición concatenada de lo que ya todo el mundo ha visto. Ya no basta con seguir repitiendo patrones, todo el mundo sabe que hay ciertos trucos que funcionan, hace tiempo que la mayoría de la gente tiene ensayada su mejor pose para ser retratados tal y como ellos quieren ser vistos en nuestras fotos. Nosotros tenemos que ser capaces de darle la vuelta a todos esos patrones y formatos ya asumidos. Y la única manera para hacerlo vendrá dada por el conocimiento adquirido a través de años de, no solo trabajo práctico y reiterativo, sino también de un cuestionamiento mucho más profundo y reflexionado del medio.

Este conocimiento además nos allanará el camino para poder desarrollar una personalidad fotográfica propia con la que poder identificarnos. Estoy convencido de que todos tenemos unos intereses intrínsecos que vienen derivados de nuestro bagaje cultural en función de donde y cuando hemos nacido y vivido. Lo único que tenemos que hacer es sacarlos a relucir en nuestras fotos. Y a pesar que de que los temas sobre los que ha versado la fotografía en cada época están innegablemente ligados a su tiempo (para algo la fotografía es la única que tiene esa relación esquizofrénica con la realidad), las miradas diferenciadas de determinados autores han sido y serán, hoy más que nunca, las que perdurarán sobre esas más de 300 millones de fotos al día de Facebook.

© Sohei Nishino, Diorama Map Tokio


Volviendo a los ejemplos de propuestas que van un poco más allá, creo que es más interesante fijarse en procesos de trabajo e ideas que simplemente en nombres, ya que yo soy de lo los que no creen en autores malditos o artistas únicos avanzados a su tiempo. Hoy más que nunca el arte y la fotografía camina de manera homogénea y todos aprendemos y estamos en deuda con todos.

Es por eso que no me sorprende que en menos de dos años vayan a publicarse con previsible éxito (o al menos repercusión) varios libros de fotografía que atacan desde diferentes ángulos a publicaciones decimonónicas de la religión, la política (leer al final de la entrevista a Cristina de Middel) o la propia historia de la fotografía. Nada mejor para renovarse que matar al padre, y teniendo en cuenta que vivimos el mayor boom de libros de fotografía de la historia, la verdad me sorprende que no nos diésemos cuenta antes que se darían este tipo de estrategias.

Por otro lado, si algo nos ha traído la era digital son las pantallas, y con ello las representaciones gráficas e intangibles de textos e imágenes. Al mismo tiempo, y en un tiempo record, esta nueva realidad no palpable ha causado un efecto rebote en el que otras tecnologías como las impresoras 3D cobran todo el sentido al hacer físicas todas esas formas bidimensionales. Del mismo modo que se defendió el vinilo en la música, en la fotografía no solo se ha defendido la película, sino que ha descubierto toda una vertiente matérica (uno y dos ejemplos) y escultórica (ver The Camera Collection) que no ha hecho más que empezar a desarrollarse. La escultura bidimensional y la fotografía tridimensional llevaban algún tiempo tanteandose, pero nunca habían estado tan cerca.

Hace poco vi un documental en el que los protagonistas, geeks reconocidos y orgullosos reivindican todo lo que sucede en Internet como real, como parte de su vida real. Tanto es así que cuando en un juicio les preguntan cuando se conocieron “IRL” (in real life/en la vida real), dicen renegar de ese acrónimo y abogar por “AFK” (away from keyboard/lejos del teclado), ya que entienden que lo que sucede en Internet es tan real como lo que sucede fuera. Ese es un cambio de mentalidad que también está ya llegando a la fotografía y aunque de manera tímida, empiezan a encontrarse trabajos que hablan de esa realidad intangible.

En la fotografía documental, también se están dando pasos impensables hasta hace muy poco. Se han roto fronteras relativas a la esencia propia del movimiento, ya que se plantean proyectos en los que el documento fotográfico se genera antes de que sucedan los hechos que se quieren denunciar y representar. Al mismo tiempo, el incensurable e imparable aluvión de imágenes de gran crudeza que pueblan Internet se utilizan como fuente de creación para autores que denuncian guerras y conflictos lejanos al mismo tiempo que se cuestionan el uso y circulación de la imagen hoy en día.

Estos son solo algunos ejemplos de algunas de las nuevas vías que se están abriendo entre las grietas de aquello que conocíamos como “fotografía” hasta hace poco. Aunque puedan parecer muy dispares, creo que hay un componente que une irremediablemente a todas. La experimentación. Si estamos hablando de matar a los padres, de dar pasos hacia lo desconocido y de cambios de mentalidad, sacudirse el polvo de lo anterior y ponerse cascos y coderas para tantear y jugar con lo que vendrá es condición sine qua non para avanzar. Dejemos las purezas, los dogmas y lo correcto de lado y permitámonos probar, errar y acertar.

Solo quiero acabar con una frase que aunque parece sacada de una película hollywoodiense, quizás sirve como reflexión final: si el fotógrafo es aquel que saca fotos, todo el mundo es hoy fotógrafo. Si el fotógrafo es aquel que ha estudiado y reflexionado sobre su herramienta a fondo tanto como para ponerla en duda y además ha sabido experimentar con ella para plasmar sus inquietudes personales, solo unos pocos seguiremos siendo fotógrafos.

Para este taller (este es un texto de introducción/provocación para el taller "Hola Fotografía" que empiezo a impartir esta misma tarde en Meeatings23) os animo a que trabajemos sobre alguno de los caminos que acabo de apuntar más arriba u otros que os sugeriré. O mejor aún, que lo hagáis sobre los que a vosotros mismos os interesen y propongáis. Es por eso que, aunque sé que no os he dado mucho tiempo para pensarlo, me gustaría que para la primera clase vengáis con alguna idea por muy vaga que sea, respecto qué vías os gustaría debatir y experimentar (ejemplos de trabajos propios y ajenos, y críticas de todo tipo a este texto serán muy bienvenidos).

Woody Allen posa para Playboy bajo la leyenda:
"Llevo cinco minutos en la profesión ya estoy
tomando decisiones improvisadas"

Roc Herms

Entre unas cosas y otras últimamente no he tenido el tiempo suficiente como para rematar varios textos que tengo a medias. Pero como una de esas cosas que me ha tenido ocupado es precisamente un pequeño escrito sobre el trabajo de mi amigo Roc Herms, que él mismo me pidió a raíz de su participación en la exposición From Here On, aprovecho para colgarlo y demostrar así que no me olvido de este blog:


Frente a la gran revolución tecnológica y crisis deontológica que vive la fotografía a día de hoy, suelen aparecer dos posturas extremas y enfrentadas. Por un lado están aquellos que defienden la definición más clásica y ortodoxa de la fotografía, en la que ni siquiera la escenificación o la apropiación tienen cabida. Mientras que por otro están aquellos que celebran y promueven cualquier nueva frontera transgredida, aún y cuando los objetivos que persigue no están del todo claros. A medio camino entre ambas posturas, mayoritariamente más cerca de la primera, es donde se pasea la mayor parte de los practicantes y estudiosos del medio. Analizar la práctica fotográfica de Roc Herms nos puede servir estupendamente para entender y recorrer ese periplo de lado a lado, sin llegar a tocar ninguno de los dos extremos. 



Además del cuestionamiento del medio fotográfico y su debilidad por la tecnología, Herms también muestra un interés reiterado por las identidades colectivas minoritarias. Como bien se puede ver en un poster que cuelga en el salón de su casa (realizado por una de las celebridades geeks de Internet), las hoy denominadas comunidades han sido y son motivo de documentación por parte del fotógrafo catalán. Desde el proyecto que realizó en 2007 con el que estuvo seleccionado en la convocatoria Descubrimientos de PhotoEspaña en el que presentaba “a un gigante dormido que cuando despierte temblará el mundo”, como era China en aquel momento. Pasando por la documentación de una de las raves (fiestas generalmente ilegales en las que la música electrónica y el baile son los protagonistas) más multitudinarias como el AntiSonar de Barcelona. Hasta llegar a su trabajo sobre la Campus Party, una convención anual en la que miles de personas y sus respectivos ordenadores se re-unían en red durante una larga semana para, entre otras cosas, aprovechar al máximo los 100Mb/s de velocidad de descarga.

A pesar de que en alguno de estos trabajos iniciales de Herms se pueden intuir los primeros pasos hacia un nuevo tipo de documentación con la que rebasar los límites del fotoperiodismo, en muchos de ellos el fotógrafo aún busca pasar desapercibido, intentando ofrecer al espectador una ventana por la que poder vislumbrar una realidad objetiva, concreta y directa. Exceptuando quizás el proyecto sobre el gigante asiático, su trabajo se centra en aquellos grupos sociales de los que el autor ha formado parte, aunque paradójicamente no busca la narración en primera persona, sino que se presenta como un observador externo. Son imágenes de grupos que él conoce bien, de los que incluso ha llegado a ser una figura destacada, como es el caso de su trabajo sobre los jugadores del juego de estrategia Magic the Gathering (llegó al top ten mundial), pero en el que lejos de mostrar su punto de vista sobre esa subcultura, ofrece una visión lo más documental e incluso tipológica posible, orquestando una catalogación de jugadores en la que, sí, se incluye, pero solamente como uno más.

Aquí podemos ver a un Roc Herms ya sin parche en el ojo, aunque todavía
imberbe, demostrando sus habilidades como uno de los mejores jugadores
 de Magic The Gathering del mundo 

Aún viniendo de ese camino estrictamente documental, el gran cambio tecnológico que supuso la llegada de la fotografía digital incrustada en los teléfonos móviles y la itinerancia ilimitada que ofrece Internet, fue para Roc muchísimo menos traumática que para el resto. Incluso diría que fue liberadora, ya que aunque esa querencia humanista por las subculturas tecnológicas sigue existiendo y su trabajo sigue siendo documental, le ha abierto la puerta a experimentar fuera de las normas preestablecidas en la ortodoxia fotográfica. Las relaciones personales y cercanas que vive con regocijo a través de Internet han sido motivo de experimentos como Game Boy People o Facebookcidades, donde no solo abraza la subjetividad, sino que se coloca en el centro mismo de su trabajo, mostrando representaciones gráficas y fotográficas de los que le rodean y se relacionan con él a través de cables y ondas. 



Es en ese momento en el que aparece Home, una plataforma virtual de la consola PlayStation en la que millones de personas construyen su identidad, interactúan y, tal y como Herms ha documentado, van a misa, publican revistas o inauguran exposiciones. Es en ese momento, decía, en el que ese mundo virtual se le presenta como una oportunidad de oro para poder aunar su interés por las comunidades minoritarias, su pasión por la tecnología y su necesidad de dar un paso más allá en la práctica fotográfica. Y es por eso que Postcards from Home, es el trabajo más ambicioso de Roc Herms, ya que le permite atacar los diferentes objetivos que tenía fijados al unísono, matando a todos los pájaros de un solo tiro. 



Es allí donde ha encontrado a personajes como Joanna Dark (merece la pena leerse la entrevista entera para entender como se sacan fotos en Home), seudónimo de alguien que en su vida virtual se viste y fotografía con múltiples conjuntos que compra con dinero contante y sonante, para luego compartir esas imágenes con cientos de chicas en foros de Internet que utilizan como plataforma para debatir sobre la moda no tangible. U otros como Darth Granny, una sexagenaria residente en Hawaii que compatibiliza dos cuentas y 18 avatares que le permiten “la oportunidad de ser cualquiera; cualquier cosa, cualquier edad, raza, color, tamaño, etc.”, al mismo tiempo que escribe para una revista que se publica exclusivamente en Home. O a los Homelings, lo más cercano a una secta propia de la comunidad online, fundada por un militar del ejercito de los Estados Unidos en activo que es conocido entre sus acólitos bajo el seudónimo de Mother, y que organizan exposiciones y realizan rituales virtuales con nombres tan sugerentes como las Dramatic Walks.

Los Homelings en una de sus "procesiones"



Todos esos personajes y muchísimos más son los que se pueden encontrar buceando en su extenso proyecto Postcards From Home; ellos son los le han permitido a Roc Herms seguir avanzando en su afán de investigar, catalogar y representar en primera persona esas nuevas sociedades paralelas. Un objetivo que consigue cumplir a través de fotografías al estilo puramente documental, en las que lejos de ocultarse como hacía en sus inicios, Herms se ofrece como guía en primera persona. Es su avatar el que nos ayuda a comprender ese mundo virtual en el que las palabras son visibles y fotografiables, cumpliendo por arte y gracia de los programadores y diseñadores informáticos de Home un sueño que todos hemos tenido alguna vez. Fotografiando sus encuentros y con entrevistas directas y sencillas nos permite profundizar en las personas e ideas que existen dentro de sus avatares, sin tampoco dejar de lado todo tipo de documentos como emails, capturas de pantalla o conversaciones en chats, con las que trata de mostrarnos como la tecnología ofrece nuevas posibilidades en las relaciones sociales antes inimaginables.

 

En definitiva, el trabajo de oRcstaR (su seudónimo en Home) parte de la base de la fotografía documental, de su profundo conocimiento de las comunidades minoritarias y de su innata curiosidad por las nuevas tecnologías, para presentar un trabajo en el que nos invita a acompañarle y sumergirnos en esos mundos virtuales, que ya podríamos empezar también a llamar reales.

-oRcstaR: What do you like from this virtual world?
-JungleJimmyPants: man this is real.

POR UNA FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA

Últimamente he tomado parte en varias conversaciones en las que diferentes fotógrafos coincidimos en sentir cierto hastío ante la repetición y la reiteración de un tipo de fotografía que agoniza desde hace un tiempo. No quiero ser maleducado ni menospreciar todo lo que ese género ha ayudado al desarrollo de la fotografía durante muchísimos años, pero tampoco quiero ser hipócrita y no atreverme a decir en público aquello que defiendo en privado. Creo que ya es hora de que admita que me aburre la fotografía documental. 

No estoy harto de la fotografía de Roger Fenton, Timothy O’Sullivan, Agustí Centelles, Walker Evans, Gerda Taro, Gonzalo Juanes, Eugene Atget o Lewis Hine. Pero sí de aquella fotografía que se limita a repetir lo que estos y otros grandes autores realizaron hace ya mucho tiempo. Y también estoy harto de que en España sea esa reiteración la que acapara la escena por encima de aquellas propuestas que hacen progresar a la fotografía. No quiero que la gente deje de hacer fotografía documental, solo quiero que no sea la que acapare la mayor parte del espectro fotográfico. Hace ya demasiado tiempo que los que estamos en esto sabemos que lo interesante de este medio no es su capacidad para representar la realidad, sino justamente todo lo contrario, su incapacidad para ser sincera con ella.  La fotografía es mentirosa por naturaleza. Y como a cualquier otra falsedad, no le queda más remedio que partir de una verdad para tergiversarla y negarla. Es ese conflicto el que me interesa. La fotografía ni es, ni deja de ser documental y es justamente por eso que me atrapa. Y es justamente por eso también que la etiqueta “documental”, especialmente en su sentido más ortodoxo, simplemente me aburre. Lo siento como algo ya superado, obsoleto. Sé que se trata de una simple y llana palabra, pero para mi resume una serie de conceptos y estéticas que la mayoría de los fotógrafos que nos preceden ya realizaron de manera impecable. Fotógrafos como Elliot Erwitt o Lee Friedlander son los que me hicieron engancharme a esto y siempre los seguiré admirando. Pero aunque algunos no lo crean, hace ya muchos años que ideas y conceptos como la evidencia, la autoría, la verdad, la razón, la calidad, la representación etc. se pusieron en duda. Y aunque sé que por culpa del horror de la Guerra Civil (entre otras cosas) en España hemos arrastrado cierto retraso, también sé que los que nacieron en mi generación no nos podemos quejar al compararnos con otros países occidentales en cuanto al acceso a la información y a la educación se refiere. Por eso me aburre que los fotógrafos que más exponen y más libros publican sean en su mayoría aquellos que destacaron hace ya más de treinta años y que además, generalmente, desarrollan fotografía documental en su variante más escrupulosa, y me entristece que algunos jóvenes y talentosos fotógrafos se limiten a seguir por esa senda. Especialmente cuando hay toda una nueva y espectacular hornada de fotógrafos que realizan otro tipo de fotografía; basta con visitar páginas como esta para darse cuenta de ello. 


Captura de pantalla de la web 30y3 con una imagen del proyecto 
"The Randome Series" del fotógrafo Miguel Angel Tornero

Entiendo, aunque no comparto, que la mayoría de las empresas privadas relacionadas con el medio no apuesten por nuevos fotógrafos que desarrollan un tipo de fotografía que el gran público no conoce, pero me parece lamentable que aquellos que cuentan con dinero y apoyo público no tengan un punto de vista más amplio y arriesgado. Y con esto no quiero decir que una sala pública no deba programar fotografía documental, solo digo que aquel que tenga la oportunidad y la responsabilidad de desarrollar un criterio tenga amplitud de miras y también apueste por lo nuevo. Cada año el MOMA de Nueva York realiza una exposición titulada New Photography donde han descubierto a grandísimos fotógrafos porque no tienen reparos en apostar por aquellos ante los que Cartier-Bresson (con todos los respetos para el que considero uno de los mejores fotógrafos de la historia) se rasgaría las vestiduras. Seguro que a la mayoría del estamento fotográfico de este país alguno de los autores que han formado parte de la edición de este año les parece un espanto (estoy seguro de que no llegarían a tanto y no los comparo, pero no puedo evitar y creo que no conviene olvidar lo que le pasó a Diane Arbus cuando expuso por primera vez en ese mismo museo y unos energúmenos llegaron incluso a escupir a alguna de imágenes). ¿Alguien se imagina a alguno de los (demasiados) museos de arte públicos españoles arriesgándose a una exposición de fotografía contemporánea española parecida a la del MOMA? O quizás sí que se está realizando alguna exposición de ese tipo y no me he enterado. Cosa que tampoco me alegraría demasiado ya que yo no tendría reparos en gastar mi dinero en viajar expresamente a otra ciudad (no sería ni la primera ni la última vez) para visitar esa hipotética exposición, y aunque es muy presumido ponerse a uno mismo de ejemplo, creo que de alguna manera dejaría en evidencia la poca difusión y repercusión que una propuesta de ese tipo habría tenido. 

En cualquier caso, quiero aclarar que no hecho la culpa de esta situación a la propia fotografía documental ni a los que la desarrollan. Creo que es responsabilidad de aquellos que tienen el poder de dirigir los pasos y la imagen del medio tanto internamente, como de cara al gran público. Y ahí no entran solo los comisarios e instituciones, también hay parte para las escuelas, por lo que asumo parte de culpa como profesor en una de ellas. Hace tiempo que me pregunto porqué en la mayoría de las escuelas la historia de la fotografía acaba en los 80, cuando ya han pasado más de treinta años desde entonces... ¿Acaso no está claro y absolutamente confirmado que prácticas como El Apropiacionismo (por poner un ejemplo rimbombante) han supuesto un cambio bestial al desarrollo de la fotografía tal y como la conocemos? Son movimientos que se dieron hace ya muchos años y que están influyendo de manera crucial a la fotografía que se hace hoy en día. ¿O es que todavía no somos capaces de asumir que forman parte de la historia de la fotografía? ¿Es por eso que si preguntas a la mayoría de estudiantes formados en escuelas en las que han estudiado una media de tres años, no tienen ni idea de qué supuso la exposición Pictures y no saben quién es Richard Prince, Sherrie Levine o Robert Longo? ¿O porqué no conocen a Ed Ruscha? ¿O porque no se sabe tanto de Jeff Wall como de Sebastiao Salgado

Últimamente he comprobado que ese desequilibrio no se debe a que los fotógrafos no les guste ese otro tipo de fotografía. Porque (y aunque aquí vuelvo a pecar de pedante) las pocas veces en las que alguna de las escuelas, espacios de enseñanza o instituciones a las que he propuesto talleres de fotografía contemporánea han apostado por ello, alumnos que son fotógrafos con trayectoria profesional, me han comentado la sensación de falta de educación e información que habían tenido en ese sentido. Esos comentarios reiterados son los que me permiten intuir que la preponderancia por la fotografía documental no es algo natural, sino que se trata de que no hemos tenido acceso a información o no nos han sabido explicar que existen todas esas otras opciones y derivaciones del medio. Obviamente yo no soy ni el primero ni el único en ofrecer ese tipo de educación. Existían y existen programas educativos donde se pueden adquirir estos conocimientos, yo mismo he tenido la suerte de ser alumno en alguno de ellos. Lo que yo critico es que toda esa información relativa a los fotógrafos que han desarrollado su trabajo durante los últimos treinta años, solo se imparta en masters, postgrados o talleres especializados. Creo firmemente que debería impartirse como parte de la educación básica a todos aquellos que quieran ser fotógrafos en cualquiera de sus vertientes comerciales o artísticas.

Por eso, y con todo el respeto hacia aquellos que lo organizan o toman parte del mismo y a su trabajo, y dejando muy claro que ningún caso quiero que se deje de realizar, he de reconocer que me entristece comparar la interminable cola que había para ver la exposición World Press Photo en el CCCB de Barcelona del 2011, con la poca repercusión que está teniendo la exposición de Iñaki Bonillas en el Centre de la Imatge La Virreina. O por poner algún otro ejemplo de algo aún más cercano a lo documental, lo poco que se ha hablado de la exposición de Paul Graham en la Fundación Botín en Santander, o lo desapercibida que ha pasado la reedición de New Topographics en Bilbao. ¿Porqué aquí todo el mundo conoce a aquellos que han ganado alguno de los concursos de fotografía documental, pero pocos prestan atención a otros fotógrafos y fotógrafas que han sido seleccionados y/o premiados en otros concursos internacionales con jurados formados por personas tan relevantes como los anteriores? ¿Acaso el hecho de que un fotógrafo español haya sido seleccionado en el concurso que ha dado a conocer a fotógrafas como por ejemplo Taryn Simon, que recordemos que acaba de presentar su último trabajo en la Tate Modern de Londres y en la Neue Galerie de Berlín, no debería merecer algo más de atención y repercusión? 

Places #38, del proyecto Views de Alberto Salván Zulueta
seleccionado en el Talent 2011 de la revista de FOAM 

Con este texto no pretendo solamente reivindicar la también mal llamada fotografía artística, conceptual o de autor (ya puesto a eliminar etiquetas, decir que me parece absurdo decir que solo un tipo de fotografía puede ser artística, conceptual o de autor), ni postularme como su defensor. Ni tampoco quiero que se deje de hacer fotografía documental, de hecho, quiero que conste que en su día escribí un texto apoyando una nueva fotografía documental. Lo que busco es proponer y dar a entender a la fotografía en su sentido más amplio, pretendo superar el término “documental” para que no se utilice más como un muro que impide que otros usos fotográficos sean conocidos y reconocidos como parte del mismo medio tanto por los propios fotógrafos, como por el gran público de este país. 

Supongo que mucha gente estará en profundo desacuerdo con lo acaban de leer pero creo, por lo que he hablado de tú a tú con otros fotógrafos, que hay otros que sí que simpatizan de alguna manera. Por eso creo que ya es hora de que esas conversaciones salgan de los bares y empiecen a circular de una manera mucho más fluida. Como siempre, todo comentario es bienvenido, especialmente aquellos que no estén de acuerdo con lo que acaban de leer para generar así un pequeño debate.