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Cuando hacer fotos ya no es suficiente

Vale, todo el mundo está ya de acuerdo con que la fotografía está viviendo un hito histórico sin parangón. El otro día leí que se suben mas de 300 millones de fotos al día a Facebook y no me sorprendió. Ese tsunami visual ha sido provocado por el uso masivo e ilimitado de la fotografía por parte de todo hijo de vecino pero...y esto qué supone para los que usamos la fotografía para lanzar preguntas retóricas y proponer estéticas (habitualmente etiquetados bajo “fotografía artística”) y para los que la utilizan para destapar y/o señalar situaciones concretas (habitualmente etiquetados bajo “fotografía documental”)?

Ya hemos pasado el susto inicial y empezamos a estar familiarizados con todos esos proyectos que hablan sobre como el flujo imparable de imágenes es ahora la norma y no la excepción. La tantas veces repetida y cacareada revolución ha provocado un efecto dominó cuya última pieza somos los fotógrafos, que de repente vemos como el espacio que ocupábamos en ese circuito de creación y consumo de imágenes se ha desvanecido y, como es normal, sufrimos de vértigo. Pero si conseguimos tragar saliva y dar un paso adelante aunque sea a ciegas, tengo la certeza de que en realidad encontraremos un suelo, quizás no firme, pero sí virgen, donde pisar.

Pero para ello primero tenemos que aceptar la realidad. Vale ya de lamentarse y negar la evidencia. Hay que aceptar que ideas como la de la fotografía como testigo ya no está exclusivamente en manos de fotógrafos. Por una simple cuestión de probabilidad el fotógrafo profesional casi siempre llegará más tarde a sacar la foto que alguien que pasaba por allí. La foto-testimonio está cada vez más en mano de todo el mundo, cosa de la que creo que el periodismo debería alegrarse, porque aquello que merece ser contado estará documentado a pesar de que el periodista no haya podido llegar. De esa manera además se libera de un trabajo, creo yo, poco periodístico, ya que entiendo que los periodistas deberían ir detrás de la causalidad y no tanto de la casualidad. Es decir, que yo cambio a un solo periodista que haya buscado una noticia, por 100 que se la hayan encontrado. Se suele argumentar que el problema es lo poco fiable de esas imágenes que “a saber tú de donde vienen”, pero la verdad es que si nos ponemos a analizar rigurosamente cuestiones de veracidad en el fotoperiodismo, la gran y aplastante mayoría de fotografías manipuladas que se han publicado en medios de comunicación estaban firmadas por “profesionales”... Así que antes de acusarnos a los demás, recomendaría a los defensores de la pureza fotoperiodística se mirasen al espejo tal y como, todo hay que decirlo, ya han hecho algunos.

Captura de pantalla de una "¿fotografía?" publicada
en la web del diario ABC la semana pasada

Justamente ese autoanálisis crítico que le pido al fotoperiodismo, es el que tenemos que hacer extensivo a todos los que de alguna manera u otra vivimos de la fotografía. Igual que la foto-testimonio ya no será nunca más una práctica exclusiva de los profesionales, hay otras muchas prácticas en las que nos estamos viendo desplazados. La ventaja que teníamos a base de acarrear cámaras, carretes, tarjetas y objetivos por todas partes se fue y ya no volverá. Es hora de asumirlo, aceptarlo y aprovecharlo.

Entiendo que “aprovecharlo” es lo que ahora mismo se antoja complicado, pero tal y como ya ha sucedido en otras ocasiones en el pasado, ahí están la prácticas más arriesgadas para descrifrar como conseguirlo. Aquellas que parten de representaciones personales y que a pesar de que al principio suelen ser denostadas por incomprendidas, al cabo de un tiempo acaban siendo digeridas y regurgitadas como propias por la mayoría. Y aunque aquí corro el peligro de verme atrapado por mis palabras en el futuro, me atrevo a apuntar algunas ideas que nos ayudarán a avanzar.

Antes de proponer algunos ejemplos concretos quiero subrayar dos factores que creo que van a ser determinantes para conseguir superar la situación actual: por un lado un conocimiento profundo de la fotografía a nivel histórico, teórico, técnico y formal, y por otro la capacidad de desarrollar un discurso propio y de alguna manera identificable. Ahora que ya no basta con estar en el lugar y en el momento adecuado, que no somos los únicos que nos vamos de viaje y sacamos fotos y que no hace falta tener una cámara cara ni saber como utilizarla para hacer una foto (ya sea esta buena o mala), es justamente cuando los que nos autodenominamos fotógrafos tenemos que profundizar mucho más en aquello que reivindicamos y que nos debería diferenciar. Tenemos que saber situar una imagen en su contexto histórico y teórico, y ser capaces de diseccionarla en cuanto a su contenido formal y técnico para poder así dar un paso más allá de la mera repetición concatenada de lo que ya todo el mundo ha visto. Ya no basta con seguir repitiendo patrones, todo el mundo sabe que hay ciertos trucos que funcionan, hace tiempo que la mayoría de la gente tiene ensayada su mejor pose para ser retratados tal y como ellos quieren ser vistos en nuestras fotos. Nosotros tenemos que ser capaces de darle la vuelta a todos esos patrones y formatos ya asumidos. Y la única manera para hacerlo vendrá dada por el conocimiento adquirido a través de años de, no solo trabajo práctico y reiterativo, sino también de un cuestionamiento mucho más profundo y reflexionado del medio.

Este conocimiento además nos allanará el camino para poder desarrollar una personalidad fotográfica propia con la que poder identificarnos. Estoy convencido de que todos tenemos unos intereses intrínsecos que vienen derivados de nuestro bagaje cultural en función de donde y cuando hemos nacido y vivido. Lo único que tenemos que hacer es sacarlos a relucir en nuestras fotos. Y a pesar que de que los temas sobre los que ha versado la fotografía en cada época están innegablemente ligados a su tiempo (para algo la fotografía es la única que tiene esa relación esquizofrénica con la realidad), las miradas diferenciadas de determinados autores han sido y serán, hoy más que nunca, las que perdurarán sobre esas más de 300 millones de fotos al día de Facebook.

© Sohei Nishino, Diorama Map Tokio


Volviendo a los ejemplos de propuestas que van un poco más allá, creo que es más interesante fijarse en procesos de trabajo e ideas que simplemente en nombres, ya que yo soy de lo los que no creen en autores malditos o artistas únicos avanzados a su tiempo. Hoy más que nunca el arte y la fotografía camina de manera homogénea y todos aprendemos y estamos en deuda con todos.

Es por eso que no me sorprende que en menos de dos años vayan a publicarse con previsible éxito (o al menos repercusión) varios libros de fotografía que atacan desde diferentes ángulos a publicaciones decimonónicas de la religión, la política (leer al final de la entrevista a Cristina de Middel) o la propia historia de la fotografía. Nada mejor para renovarse que matar al padre, y teniendo en cuenta que vivimos el mayor boom de libros de fotografía de la historia, la verdad me sorprende que no nos diésemos cuenta antes que se darían este tipo de estrategias.

Por otro lado, si algo nos ha traído la era digital son las pantallas, y con ello las representaciones gráficas e intangibles de textos e imágenes. Al mismo tiempo, y en un tiempo record, esta nueva realidad no palpable ha causado un efecto rebote en el que otras tecnologías como las impresoras 3D cobran todo el sentido al hacer físicas todas esas formas bidimensionales. Del mismo modo que se defendió el vinilo en la música, en la fotografía no solo se ha defendido la película, sino que ha descubierto toda una vertiente matérica (uno y dos ejemplos) y escultórica (ver The Camera Collection) que no ha hecho más que empezar a desarrollarse. La escultura bidimensional y la fotografía tridimensional llevaban algún tiempo tanteandose, pero nunca habían estado tan cerca.

Hace poco vi un documental en el que los protagonistas, geeks reconocidos y orgullosos reivindican todo lo que sucede en Internet como real, como parte de su vida real. Tanto es así que cuando en un juicio les preguntan cuando se conocieron “IRL” (in real life/en la vida real), dicen renegar de ese acrónimo y abogar por “AFK” (away from keyboard/lejos del teclado), ya que entienden que lo que sucede en Internet es tan real como lo que sucede fuera. Ese es un cambio de mentalidad que también está ya llegando a la fotografía y aunque de manera tímida, empiezan a encontrarse trabajos que hablan de esa realidad intangible.

En la fotografía documental, también se están dando pasos impensables hasta hace muy poco. Se han roto fronteras relativas a la esencia propia del movimiento, ya que se plantean proyectos en los que el documento fotográfico se genera antes de que sucedan los hechos que se quieren denunciar y representar. Al mismo tiempo, el incensurable e imparable aluvión de imágenes de gran crudeza que pueblan Internet se utilizan como fuente de creación para autores que denuncian guerras y conflictos lejanos al mismo tiempo que se cuestionan el uso y circulación de la imagen hoy en día.

Estos son solo algunos ejemplos de algunas de las nuevas vías que se están abriendo entre las grietas de aquello que conocíamos como “fotografía” hasta hace poco. Aunque puedan parecer muy dispares, creo que hay un componente que une irremediablemente a todas. La experimentación. Si estamos hablando de matar a los padres, de dar pasos hacia lo desconocido y de cambios de mentalidad, sacudirse el polvo de lo anterior y ponerse cascos y coderas para tantear y jugar con lo que vendrá es condición sine qua non para avanzar. Dejemos las purezas, los dogmas y lo correcto de lado y permitámonos probar, errar y acertar.

Solo quiero acabar con una frase que aunque parece sacada de una película hollywoodiense, quizás sirve como reflexión final: si el fotógrafo es aquel que saca fotos, todo el mundo es hoy fotógrafo. Si el fotógrafo es aquel que ha estudiado y reflexionado sobre su herramienta a fondo tanto como para ponerla en duda y además ha sabido experimentar con ella para plasmar sus inquietudes personales, solo unos pocos seguiremos siendo fotógrafos.

Para este taller (este es un texto de introducción/provocación para el taller "Hola Fotografía" que empiezo a impartir esta misma tarde en Meeatings23) os animo a que trabajemos sobre alguno de los caminos que acabo de apuntar más arriba u otros que os sugeriré. O mejor aún, que lo hagáis sobre los que a vosotros mismos os interesen y propongáis. Es por eso que, aunque sé que no os he dado mucho tiempo para pensarlo, me gustaría que para la primera clase vengáis con alguna idea por muy vaga que sea, respecto qué vías os gustaría debatir y experimentar (ejemplos de trabajos propios y ajenos, y críticas de todo tipo a este texto serán muy bienvenidos).

Woody Allen posa para Playboy bajo la leyenda:
"Llevo cinco minutos en la profesión ya estoy
tomando decisiones improvisadas"

La Postfotografía Constructiva

Este es el guión que escribí como introducción a la mesa redonda en la que participé junto a Laia Abril y Roc Herms con motivo de la exposición From Here On, que tras inaugurarse en el festival Les Recontres D'Arles e itinerar a Amberes, se puede visitar en el Centre Arts Santa Mónica en Barcelona hasta el próximo 13 de abril.


Voy a aprovechar que mi posición en relación a esta exposición es diferente a la mayoría de los que han pasado por esta mesa durante estos días, ya que (lamentablemente para mi) ni soy parte del equipo de comisarios, ni artista participante. Teniendo en cuenta que los comisarios ya han descrito varias veces cual es hilo conductor con el que han tejido su propuesta y por tanto, ya han explicado qué es la postfotografía, he llegado a la conclusión de que resultará más interesante para todo el mundo si me centro en intentar explicar de una manera crítica y analítica el proceso que les ha traído tanto a ellos como a los artistas que forman parte de esta exposición (especialmente los dos que hoy me acompañan, Roc Herms y Laia Abril), hasta aquí.

Desde que Niepce consiguió manchar una placa de metal con algo parecido a un paisaje desde su ventana hasta hoy, la historia de la fotografía se podría dividir en tres grandes bloques. El primero iría desde su nacimiento hasta la vanguardias, el segundo desde las vanguardias hasta la aparición de la tecnología digital e Internet, y el tercero sería el que viene de ahora en adelante.


Manifiesto de la exposición From Here On.

Aunque no quiero entretenerme viajando demasiado atrás en el tiempo, si que creo que es muy importante resaltar el gran avance que vivió la fotografía desde mediados de los 50s en adelante, claramente influenciada por la aparición de los mass-media, el Pop Art o exposiciones como Pictures. La aceptación de autores como Cindy Sherman o Jeff Wall y sus reivindicación de la escenificación, o la de los artistas Andy Warhol o Richard Prince con las de la apropiación, nos permitieron asumir que a pesar de que una fotografía fuese teatralizada o recontextualizada, ciertos sectores del arte empezaban a ser capaces de leer sus códigos y entender su mensaje. Ese paso suponía aceptar que la cultura visual del espectador había subido un peldaño, que los fotógrafos ya no solo ofrecían “una ventana por la que ver el mundo”, sino que a raíz de la llegada de la televisión, las revistas ilustradas,  el cómic, el cine o la publicidad, el público entendía y asumía los códigos de la escenificación o de la apropiación, y por tanto el fotógrafo podía organizarlos a su antojo en una imagen preconcebida. Además de aquellos que utilizaban “la ventana por la que ver el mundo”, aparecieron autores que conjugando los diferentes signos adquiridos a través de los diferentes medios de comunicación de masas, eran capaces de recrearlos y escenificarlos sin provocar ningún problema digestivo.

Después llegó la fotografía digital abaratando los costes y simplificando la técnica hasta rozar el absurdo. Cuando los fotógrafos autodenominados “profesionales” ya se empezaban a rasgar las vestiduras porque esa tecnología permitía a todo el mundo tener una cámara, la cosa incluso fue más allá al incrustarse estas en los teléfonos móviles, ya que es a partir de ese momento cuando ni tan siquiera hace falta comprarlas por separado. No significan un objeto más a acarrear y además permiten compartir esas imágenes de manera instantánea; ha llegado Internet.

Tal y como demuestra esta exposición, especialmente el trabajo de Penélope Umbrico, destacada pionera de la postfotografía, una de las características más importantes de la fotografía hoy en día es que se ha convertido en un flujo que crece exponencialmente y que es alimentado por millones de personas a diario. Este hecho irrefutable implica al menos dos grande cambios: por un lado que el estatus de generador de imágenes se ha generalizado y democratizado, y por otro, que el uso de la fotografía por parte de la gran masa ha mutado desde la captura de los hitos biográficos, hacia su integración como parte activa de la vida de las personas. Ya no sacamos la cámara solo en los cumpleaños, bodas, bautizos y vacaciones. La utilizamos a diario para comunicarnos como un lenguaje que va más allá de la palabra. Hoy en día se hacen y suben a Internet más fotografías en un día de las que se habían hecho en los 150 años de historia de la fotografía anteriores. La evolución en Internet ha ido desde blogs con escritos en principio cortos en relación a lo que acostumbraba ser un escrito en papel, a Fecebook con textos mucho más concentrados, a Twitter reduciendo aún más su extensión hasta los 140 caracteres,  hasta llegar a Instagram, donde el peso de la comunicación lo lleva directamente la imagen. Creo que todos estos datos demuestran el histórico, abrupto e inevitable cambio de los usos del medio en todos sus escalafones y disciplinas. El uso diario de la fotografía como lenguaje de expresión ya no es exclusivo de los autodenominados “profesionales” ni de los aficionados. Todo el mundo se expresa a través de la fotografía, pasando de ser una representación de la realidad, a ser parte muy activa y relevante de la misma. Esa circunstancia ha provocado un efecto dominó, ya que aquellos que utilizábamos la imagen en ese mismo contexto, nos hemos visto invadidos y nos encontramos en la necesidad de explorar nuevos y desconocidos caminos.

La instalación de "Sunset" de Penelope Umbrico en la Fundación Foto Colectania,
este trabajo forma parte de la exposición "Obra-Colección" que se puede visitar
hasta el 25 de mayo en dicha fundación.

Antes decía que en los 80 se empezaron a asumir y entender los códigos que construyen una imagen. Se pusieron en duda fotos míticas del documentalismo como la del miliciano de Capa, el beso de Doisneau o el levantamiento de la bandera de Iwo Yima. Si a esa capacidad crítica desarrollada principalmente por practicantes o estudiosos del medio, le sumamos la masificación digital, es perfectamente entendible que algunos de los autores que trabajan con la fotografía hayan redirigido su punto de vista hacia esa nueva realidad. Y si además coincide que algunos de esos espíritus críticos ya llevaban años rastreando la fotografía vernacular cuando esta solo se podía encontrar en álbumes familiares abandonados o revendidos en mercadillos, se explica perfectamente que Erik Kessels, Joachim Schmid, Joan Fontcubera o Martin Parr hayan sido los primeros en aceptar, celebrar y analizar ese nuevo fenómeno.

El equipo de comisarios que han desarrollado esta exposición han dirigido su mirada directa y exclusivamente a esa nueva realidad cuyo destino desconocemos. Prácticas como la apropiación, la escenificación o la tergiversación no les son para nada desconocidas y por lo tanto no se sienten incómodos a la hora de reivindicarlas como estrategias válidas para la fotografía, por mucho que los adalides de la ortodoxia documental los tachen de sacrílegos al ver como se tambalean sus cimientos. Todos ellos comparten un punto de vista común que se plantea en el decálogo postfotográfico de Fontcuberta publicado en La Vanguardia hace casi dos años, y que me permito resumir en cuatro puntos:

- La defensa del reciclaje de imágenes y la reivindicación del apropiacionismo.
- La disolución de la figura del autor con la de editor y curador.
- La llegada de lo lúdico y sencillo para dejar atrás lo costoso y pretencioso (cosa de la que me alegro personalmente).
- La disolución de los límites entre lo público y privado a través de la posibilidad de “compartir” que ofrece Internet hoy en día.

Hace un pocos de días, en esta misma sala, en una conferencia protagonizada por los comisarios que antes nombraba (a excepción de Parr) , alguien entre el público denunció la falta de tema en los trabajos expuestos. Esta postura es lógica en quién cree que la fotografía solo puede ser una herramienta de expresión y aún no ha asumido que, a día de hoy, es para algunos más interesante como tema de análisis en sí misma. Tal y como he explicado anteriormente, los comisarios de esta exposición llevan ventaja en ese sentido, por lo tanto celebran la nueva posibilidad de estudio e investigación de estas prácticas fotográficas inéditas con regocijo. Hay que tener en cuenta que esta exposición legitima esas estrategias hasta ahora juzgadas como menores y ataca abiertamente a otras más pretenciosas del establishment museístico incluyendo la de las copias gigantes, los libros de fotografía de serie limitada o los discursos intimo-poético-introspectivos de aquellos a los que yo con cariño e ironía denomino “los atormentados”. Y eso por no hablar de la fotografía documental, tanto nueva como clásica.

Aunque esa ventaja que tenían les ha situado en la punta de lanza a la hora de reivindicar esta nueva realidad, tengo la sensación de que al mismo tiempo también tiene sus inconvenientes. Todos ellos nacieron en una generación en la que el ordenador no era ni siquiera una posibilidad, vivieron la era pre-digital y por tanto, es normal que se alborocen al darse la vuelta a la tortilla. Como unos niños con zapatos nuevos que en vez de pensar en donde y como los van a poder utilizar, primero se centran en celebrar y analizar su llegada. Y aunque estoy convencido de que eran conscientes de que estaban dando menos importancia a aquellos autores que al mismo tiempo que se cuestionan el medio, son capaces de utilizarlo como herramienta, supongo que lo transcendente del cambio de paradigma les llevó a concentrarse en aquellos especialmente metafotográficos, una decisión que a pesar de lo que pueda parecer creo que es acertada. Ya que, vuelvo a repetir, creo que el cambio de paradigma lo merece.

El primer ordenador que llegó a mi casa era de marca Fujitsu, y diría que yo no tenía ni 14 años cuando empecé a utilizarlo. Los de mi generación somos los primeros nativos de la era digital y eso marca una diferencia. Roc Herms ha convivido con consolas y ordenadores desde pequeñito, ha jugado a rol, se le podría considerar un geek, un término totalmente ajeno a aquellos que no saben lo que fue una Sega Mega Drive. Aunque no hemos nacido con la fotografía digital e Internet a nuestro alrededor, si que muchos nos sentimos sentimentalmente unidos a la tecnología digital y a las pantallas, y por tanto no tenemos suficiente con cuestionarnos su aparición porque la sentimos propia y también queremos utilizarlas con un propósito concreto desde el principio. Como decía, Roc Herms es un nativo de la era digital y por eso no es de sorprender, que tal y como hizo en su día Edward S. Curtis con los nativos americanos, se haya embarcado en un inabarcable proyecto que consiste en documentar con un acercamiento ciertamente antropológico la vida de una comunidad concreta, en este caso intangible. Tal y como le sucedía a Curtis con el pictorialismo en su época, no es ajeno a la realidad del medio que emplea, la postfotografía, pero cuenta con la ventaja de poder cuestionarse el medio al mismo tiempo que lo emplea a la búsqueda de un objetivo o tema ya conocido y desarrollado por otros fotógrafos.



Edward S. Curtis al estilo pictorialista vs. Roc Herms al estilo Game Boy

Una imagen de una nativa americana tomada por Edward S. Curtis
vs.
una imagen de una nativa de PlayStation Home apropiada por Roc Herms

En el caso de Laia Abril, además del carácter generacional entra en juego otro factor de su biografía especialmente relevante en relación a la postfotografía. Hace pocos días me comentaba que a raíz de la exposición y de la charlas y conversaciones que hemos tenido estos días, por fin había conseguido reconciliarse consigo misma, ya que estas nuevas prácticas (como explicaba en uno de los puntos del resumen del decálogo de Fontcuberta) no sancionan la figura del editor, faceta que Abril ha compaginado con la realización de fotografías en la revista Colors desde hace varios años, sino que lo reivindican como autor. Esta nueva realidad le ha permitido superar de una vez por todas una lucha interna en la que Laia resistía acosada por un contexto fotográfico en el que el editor en ningún caso, debía ser considerado autor. Solo quiero apuntar que esta aceptación de su  doble capacidad como editora-creadora de imágenes sucedió hace pocos días, por lo que en el trabajo que presenta aquí aún se puede vislumbrar su lucha interna, ya que a pesar de apropiarse de imágenes cumpliendo la faceta la editora, aún necesitaba justificar su estatus de fotógrafa, dejando bien visibles aquellos signos que demostraban que ella había apretado algún botón en forma de reencuadres o texturas de la pantalla del ordenador que demostraban el uso de una cámara.


Captura de pantalla del blog de la revista Colors donde Laia Abril deja claro
que su relación con la edición viene de muy lejos.


Para acabar, solo me falta decir que la suma de la tecnología digital e Internet, sin olvidarnos tampoco de las costumbres de consumo y comunicación de la sociedad de hoy en día, han colocado a la fotografía en una posición en la que nunca antes había estado. Y aunque, como decía anteriormente, creo que la mayoría de los participantes en esta exposición solo se han centrado en representar el gran cambio de paradigma (la fotografía como motivo), tanto Roc Herms como Laia Abril sí que creo que han dado un paso más allá, buscando un nuevo espacio para los fotógrafos que ofrece algo más que su mera utilización práctica que ya desarrolla todo el mundo (la fotografía como herramienta), y han encontrado un nuevo, inexplorado y fértil espacio donde la fotografía es motivo y herramienta al mismo tiempo.


Quiero agradecer a los que, a pesar del mal tiempo, asistieron a la charla y participaron en la interesante conversación que se generó con el público. También quiero agradecer mi participación en las actividades paralelas de la exposición a Tanit Plana, ha sido un honor para mi poder ofrecer mi punto de vista en el marco de una muestra tan interesante e innovadora.

POR UNA FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA

Últimamente he tomado parte en varias conversaciones en las que diferentes fotógrafos coincidimos en sentir cierto hastío ante la repetición y la reiteración de un tipo de fotografía que agoniza desde hace un tiempo. No quiero ser maleducado ni menospreciar todo lo que ese género ha ayudado al desarrollo de la fotografía durante muchísimos años, pero tampoco quiero ser hipócrita y no atreverme a decir en público aquello que defiendo en privado. Creo que ya es hora de que admita que me aburre la fotografía documental. 

No estoy harto de la fotografía de Roger Fenton, Timothy O’Sullivan, Agustí Centelles, Walker Evans, Gerda Taro, Gonzalo Juanes, Eugene Atget o Lewis Hine. Pero sí de aquella fotografía que se limita a repetir lo que estos y otros grandes autores realizaron hace ya mucho tiempo. Y también estoy harto de que en España sea esa reiteración la que acapara la escena por encima de aquellas propuestas que hacen progresar a la fotografía. No quiero que la gente deje de hacer fotografía documental, solo quiero que no sea la que acapare la mayor parte del espectro fotográfico. Hace ya demasiado tiempo que los que estamos en esto sabemos que lo interesante de este medio no es su capacidad para representar la realidad, sino justamente todo lo contrario, su incapacidad para ser sincera con ella.  La fotografía es mentirosa por naturaleza. Y como a cualquier otra falsedad, no le queda más remedio que partir de una verdad para tergiversarla y negarla. Es ese conflicto el que me interesa. La fotografía ni es, ni deja de ser documental y es justamente por eso que me atrapa. Y es justamente por eso también que la etiqueta “documental”, especialmente en su sentido más ortodoxo, simplemente me aburre. Lo siento como algo ya superado, obsoleto. Sé que se trata de una simple y llana palabra, pero para mi resume una serie de conceptos y estéticas que la mayoría de los fotógrafos que nos preceden ya realizaron de manera impecable. Fotógrafos como Elliot Erwitt o Lee Friedlander son los que me hicieron engancharme a esto y siempre los seguiré admirando. Pero aunque algunos no lo crean, hace ya muchos años que ideas y conceptos como la evidencia, la autoría, la verdad, la razón, la calidad, la representación etc. se pusieron en duda. Y aunque sé que por culpa del horror de la Guerra Civil (entre otras cosas) en España hemos arrastrado cierto retraso, también sé que los que nacieron en mi generación no nos podemos quejar al compararnos con otros países occidentales en cuanto al acceso a la información y a la educación se refiere. Por eso me aburre que los fotógrafos que más exponen y más libros publican sean en su mayoría aquellos que destacaron hace ya más de treinta años y que además, generalmente, desarrollan fotografía documental en su variante más escrupulosa, y me entristece que algunos jóvenes y talentosos fotógrafos se limiten a seguir por esa senda. Especialmente cuando hay toda una nueva y espectacular hornada de fotógrafos que realizan otro tipo de fotografía; basta con visitar páginas como esta para darse cuenta de ello. 


Captura de pantalla de la web 30y3 con una imagen del proyecto 
"The Randome Series" del fotógrafo Miguel Angel Tornero

Entiendo, aunque no comparto, que la mayoría de las empresas privadas relacionadas con el medio no apuesten por nuevos fotógrafos que desarrollan un tipo de fotografía que el gran público no conoce, pero me parece lamentable que aquellos que cuentan con dinero y apoyo público no tengan un punto de vista más amplio y arriesgado. Y con esto no quiero decir que una sala pública no deba programar fotografía documental, solo digo que aquel que tenga la oportunidad y la responsabilidad de desarrollar un criterio tenga amplitud de miras y también apueste por lo nuevo. Cada año el MOMA de Nueva York realiza una exposición titulada New Photography donde han descubierto a grandísimos fotógrafos porque no tienen reparos en apostar por aquellos ante los que Cartier-Bresson (con todos los respetos para el que considero uno de los mejores fotógrafos de la historia) se rasgaría las vestiduras. Seguro que a la mayoría del estamento fotográfico de este país alguno de los autores que han formado parte de la edición de este año les parece un espanto (estoy seguro de que no llegarían a tanto y no los comparo, pero no puedo evitar y creo que no conviene olvidar lo que le pasó a Diane Arbus cuando expuso por primera vez en ese mismo museo y unos energúmenos llegaron incluso a escupir a alguna de imágenes). ¿Alguien se imagina a alguno de los (demasiados) museos de arte públicos españoles arriesgándose a una exposición de fotografía contemporánea española parecida a la del MOMA? O quizás sí que se está realizando alguna exposición de ese tipo y no me he enterado. Cosa que tampoco me alegraría demasiado ya que yo no tendría reparos en gastar mi dinero en viajar expresamente a otra ciudad (no sería ni la primera ni la última vez) para visitar esa hipotética exposición, y aunque es muy presumido ponerse a uno mismo de ejemplo, creo que de alguna manera dejaría en evidencia la poca difusión y repercusión que una propuesta de ese tipo habría tenido. 

En cualquier caso, quiero aclarar que no hecho la culpa de esta situación a la propia fotografía documental ni a los que la desarrollan. Creo que es responsabilidad de aquellos que tienen el poder de dirigir los pasos y la imagen del medio tanto internamente, como de cara al gran público. Y ahí no entran solo los comisarios e instituciones, también hay parte para las escuelas, por lo que asumo parte de culpa como profesor en una de ellas. Hace tiempo que me pregunto porqué en la mayoría de las escuelas la historia de la fotografía acaba en los 80, cuando ya han pasado más de treinta años desde entonces... ¿Acaso no está claro y absolutamente confirmado que prácticas como El Apropiacionismo (por poner un ejemplo rimbombante) han supuesto un cambio bestial al desarrollo de la fotografía tal y como la conocemos? Son movimientos que se dieron hace ya muchos años y que están influyendo de manera crucial a la fotografía que se hace hoy en día. ¿O es que todavía no somos capaces de asumir que forman parte de la historia de la fotografía? ¿Es por eso que si preguntas a la mayoría de estudiantes formados en escuelas en las que han estudiado una media de tres años, no tienen ni idea de qué supuso la exposición Pictures y no saben quién es Richard Prince, Sherrie Levine o Robert Longo? ¿O porqué no conocen a Ed Ruscha? ¿O porque no se sabe tanto de Jeff Wall como de Sebastiao Salgado? 

Últimamente he comprobado que ese desequilibrio no se debe a que los fotógrafos no les guste ese otro tipo de fotografía. Porque (y aunque aquí vuelvo a pecar de pedante) las pocas veces en las que alguna de las escuelas, espacios de enseñanza o instituciones a las que he propuesto talleres de fotografía contemporánea han apostado por ello, alumnos que son fotógrafos con trayectoria profesional, me han comentado la sensación de falta de educación e información que habían tenido en ese sentido. Esos comentarios reiterados son los que me permiten intuir que la preponderancia por la fotografía documental no es algo natural, sino que se trata de que no hemos tenido acceso a información o no nos han sabido explicar que existen todas esas otras opciones y derivaciones del medio. Obviamente yo no soy ni el primero ni el único en ofrecer ese tipo de educación. Existían y existen programas educativos donde se pueden adquirir estos conocimientos, yo mismo he tenido la suerte de ser alumno en alguno de ellos. Lo que yo critico es que toda esa información relativa a los fotógrafos que han desarrollado su trabajo durante los últimos treinta años, solo se imparta en masters, postgrados o talleres especializados. Creo firmemente que debería impartirse como parte de la educación básica a todos aquellos que quieran ser fotógrafos en cualquiera de sus vertientes comerciales o artísticas.

Por eso, y con todo el respeto hacia aquellos que lo organizan o toman parte del mismo y a su trabajo, y dejando muy claro que ningún caso quiero que se deje de realizar, he de reconocer que me entristece comparar la interminable cola que había para ver la exposición World Press Photo en el CCCB de Barcelona del 2011, con la poca repercusión que está teniendo la exposición de Iñaki Bonillas en el Centre de la Imatge La Virreina. O por poner algún otro ejemplo de algo aún más cercano a lo documental, lo poco que se ha hablado de la exposición de Paul Graham en la Fundación Botín en Santander, o lo desapercibida que ha pasado la reedición de New Topographics en Bilbao. ¿Porqué aquí todo el mundo conoce a aquellos que han ganado alguno de los concursos de fotografía documental, pero pocos prestan atención a otros fotógrafos y fotógrafas que han sido seleccionados y/o premiados en otros concursos internacionales con jurados formados por personas tan relevantes como los anteriores? ¿Acaso el hecho de que un fotógrafo español haya sido seleccionado en el concurso que ha dado a conocer a fotógrafas como por ejemplo Taryn Simon, que recordemos que acaba de presentar su último trabajo en la Tate Modern de Londres y en la Neue Galerie de Berlín, no debería merecer algo más de atención y repercusión? 

Places #38, del proyecto Views de Alberto Salván Zulueta
seleccionado en el Talent 2011 de la revista de FOAM 

Con este texto no pretendo solamente reivindicar la también mal llamada fotografía artística, conceptual o de autor (ya puesto a eliminar etiquetas, decir que me parece absurdo decir que solo un tipo de fotografía puede ser artística, conceptual o de autor), ni postularme como su defensor. Ni tampoco quiero que se deje de hacer fotografía documental, de hecho, quiero que conste que en su día escribí un texto apoyando una nueva fotografía documental. Lo que busco es proponer y dar a entender a la fotografía en su sentido más amplio, pretendo superar el término “documental” para que no se utilice más como un muro que impide que otros usos fotográficos sean conocidos y reconocidos como parte del mismo medio tanto por los propios fotógrafos, como por el gran público de este país. 

Supongo que mucha gente estará en profundo desacuerdo con lo acaban de leer pero creo, por lo que he hablado de tú a tú con otros fotógrafos, que hay otros que sí que simpatizan de alguna manera. Por eso creo que ya es hora de que esas conversaciones salgan de los bares y empiecen a circular de una manera mucho más fluida. Como siempre, todo comentario es bienvenido, especialmente aquellos que no estén de acuerdo con lo que acaban de leer para generar así un pequeño debate.